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Apuntes en los márgenes de la vida, de Irina Bogdaschevski

“Нам не дано предугадать, как слово наше отзовётся…” (“No nos fue dado prever cómo llegará a repercutir nuestra palabra…”)

Usted escribió una vida en sus Apuntes en los márgenes de la vida -que es su vida- pero es como si fuera la mía. Me reconozco sobre los escenarios, en los que no estuve nunca, con gente, que conozco por referencia, en los tiempos, que son tiempos de mis padres e incluso de mis abuelos. Me miro en un espejo, fundido y pulido por Usted, porque no es sólo un texto, es más que eso.

Usted escribió un réquiem, que tiene como tema principal la misma melodía, que capto en mi interior hace tiempo. Una melodía difícil de seguir, pero tan reconocible, y que gracias a Ud. de repente sonó tan nítida.

 Me tomó unas páginas darme cuenta, de que esto no es prosa, sino poesía sin rima. Ahí fue cuando dejé de leer apurada y avancé con más lentitud y atención. Pasaba de una imagen a otra, diciendo en mi interior: sí, creo que esto es como… claro, exactamente como dice acá. Y acá debería haber algo de Esenin… Bah, ¡aquí está!

 Creo que la relevancia y calidad de una obra literaria se prueban por cuanto el lector se haga partícipe. Dicho en otras palabras, la literatura de verdad nos permite identificarnos con lo leído. Leernos en la obra, vernos como en un espejo. Y bueno… gracias al espejo uno se da cuenta de que el maquillaje se corrió, o al revés – está impecable; y me queda bien el celeste, y todavía me parezco a la chica tímida y huraña de hace 25 años.

…Qué hacemos con esto, Irina, eh? Yo sigo pensando que no se puede vencer a la muerte. Una vez habíamos hablado ya de eso… pero por mucho que me esfuerce, no llego a creer que nos convirtamos en “otra cosa”, a modo de fractales… Y me veo corriendo al borde de la marea fría y espumosa que borra mis huellas sobre la arena. Trato de pisar fuerte, de dejar huellas lo más hondas posible, pero el ir y venir de las aguas las hace desaparecer igual.

…Y sí, ¿qué será de nuestras bibliotecas? Nuestros recuerdos, tan nítidos algunos? ¿De nuestros amores y dolores?

 Usted escribió un réquiem. Quizás otra persona vea otra cosa reflejada en el espejo. Pero yo escucho un réquiem y veo las líneas de los cables tachando el cielo. Y me voy a quedar pensando, pensando, pensando…

Ana Novíkova a Irina Bogdaschevski, 11 de abril del 2013.

 

Hija y nieta de rusos, nació en Belgrado, Yugoslavia, en 1927. Es traductora del ruso y escritora. Junto con sus padres y su hermana fue llevada en 1944 por los nazis a trabajar a Austria, luego de pasar por el campo de concentración de Matthausen, donde murió su madre de septisemia, era médica y fue contagiada al curar en las barracas. Después de la guerra hizo sus estudios universitarios, se casó con Igor y en 1949 vinieron a Bs.As. con su pequeño hijo. En nuestro país hizo nuevos estudios. Trabajó para el diario La Opinión, para el Centro Editor de América Latina y luego para muchísimas otras editoriales. Escribió prólogos y realizó traducciones de autores rusos de todos los tiempos: Pushkin, Turgueniev, Goncharov, Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Ajmatova, Blok, Maiakovski, Tsvietáieva, Mandelstam, Pasternak, Tarkovski, Brodski, Ajmadulina, Dovlatov y Remizov. Publicó en 1991 un libro de cuentos cortos, Imágenes al negativo, y en 2001 la plaqueta Impreso por ardor. Desde 1966 vive en Villa Elisa, partido de La Plata.

Prensa

106 p. 20 x 14 cm. 
Fotografía de tapa: Sergeĭ Mikhaĭlovich Prokudin-Gorskiĭ

2013

Irina en su jardín, en Página 12

Irina Bogdaschevski según Laura Estrin, en TELAM

Natalia Romero recomienda, en La Vaca Mariposa

Recurrir a las palabras para conjurar recuerdos, en La Nación