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Propiedad horizontal, de Damián Lamanna Guiñazú

La casa de Damián es su palabra, su poesía es su hogar, ahí convive con el recuerdo de su madre, con el de su padre, con su infancia y su juventud hecha carne en un conurbano sensible, el periplo letal de las mudanzas, los trenes, los hospitales, las plazas, la mansedumbre del barrio, la tardecita chapándose a un horizonte hecho fuego. Entonces, con una naturalidad poderosa, aparece el almanaque emocional que estructura su familia, su amor, su deseo, el abrazo perfecto en el silencio justo. Propiedad horizontal es conmovedor, escrito con paciencia, con criterio y con huevos. La lectura avanza, pasan la páginas y, como los perros cuando comen pasto, cada poema purga un espacio propio dentro de una casa infinita que, de un modo u otro, determina como personas a los que se levantan y se acuestan ahí, los salva de la incertidumbre que hay en el afuera. Un lugar que, por lo menos en este libro, solo sirve para colorear, para edificar un secreto, para tomar posición, para darle más valor al adentro: un mundito de reconstrucción, una trinchera lícita y necesaria.

Fragmento del prólogo de Leandro Gabilondo.


 

 

Damián Lamanna Guiñazú (1985) se crió en Ramos Mejía y vive en Caseros. Publicó Después de la superficie (Editorial Simulcoop, 2013) y Dormir en la espalda de la lengua (Edición muy artesanal, 2011). Es licenciado en Letras (UBA). Forma parte del colectivo Las Hojas. Desde 2011 coorganiza el ciclo de poesía, música y artes visuales Santería. Le gusta trabajar lejos de casa. Por el momento lo hace en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (ex ESMA).

 

Prensa

Propiedad horizontal, en Revista Lucarna

Reseñas caprichosas, en La Primera Piedra

Ya no vivo acá, en Evaristo Cultural

El sueño de la casa propia, en Malón Malón

 

 

 

 

50 p. 17 x 13 cm. 

Fotografía de tapa: Josefina Schivo Federico.

2016