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 Retratos, de Marina Tsvietáieva

La escritura de Tsvietáieva abunda en contrastes, extrañas construcciones sintácticas sorpresivas y cortes constantes que la vuelven altamente fragmentaria. Esto evidencia dos cosas, entre muchas. Una: que esa forma es la expresión de su clarividencia, que es errática y no metódicamente ordenada. La coherencia de los textos surge de la continuidad en la percepción de Tsvietáieva que a todo mira con el mismo temple, con la misma sinceridad en los ojos. Uno, como lector, debe aprender a adoptar esta mirada extranjera. La segunda cosa que se evidencia: el Yo. Ciertamente, tantas inestabilidades textuales -queridas voluntariamente- sólo pueden sostenerse por la fuerza implacable del Yo. Es esa persona, femenina, con una fuerza ciclópea, con una pasión oceánica, la que puede enunciar el discurso, la que confía en que lo percibirá casi todo y que lo dirá luego en una lengua de su propia invención. ¿No es maravillosa esa fuerza? ¿Encontrarnos con una mujer que quiera decirlo todo, que quiera enunciar el corazón profundo, su centro fundamental?

Santiago Hamelau

 

Marina Tsvietáieva nació en Moscú en 1892. Hija de un profesor especializado en Bellas Artes, estudió en Moscú y en la Sorbona y vivió muchos años en el extranjero. Es considerada como una de las figuras más relevantes de la literatura rusa del siglo XX. Fue una mujer de pasiones categóricas, voluntariosa y resuelta, que arrancó bruscamente de su corazón todo aquello que la había desilusionado y no podía ya aceptar. Toda la vida sintió por Pasternak  un conmovedor afecto, a pesar de estar casada con un oficial del ejército zarista. Emigró al extranjero en 1920 y regresó a Rusia en vísperas de la guerra contra el fascismo hitleriano, al que había maldecido en sus versos cuando se hallaba todavía en la emigración. Entre sus obras se destacan "Poemas de juventud" 1915 y "Poemas de Moscú" 1916. Fue desterrada a la aldea de Elábuga, donde falleció el 31 de agosto de 1941.

 

Próximamente disponible en añosluz:

Dramas

 

 

Prensa

Estrin: “Escribir bien es un poder inaudito”, en TELAM

Retratos o el corazón re(v)/(b)elado, por Santiago Hamelau, en No Retornable

 

 

 

 

180 p. 20 x 14 cm. 
Traducción de Irina Bogdaschevski y  Fulvio Franchi

2013