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Una ventana que dé sobre los árboles / Tres poemas de Leonor García Hernando

En esta ocasión compartimos tres poemas de Leonor García Hernando, una de las mayores poetas argentinas, cuya obra -no logramos explicarnos por qué- apenas ha circulado en los últimos años. Tres poemas que nos hablan del dolor en tanto prueba de existencia. La voz que recorre estos ¿versos? busca ante todo un cuerpo que le permita encarnar hacia adentro de un territorio amenazante. El dolor será aquí una motivación para activar sentidos y arder, para habitar una imagen, un ritmo y una plenitud de colores y sombras; para reconstruir una continuidad entre el aislamiento (y el abismo interior) luminoso y la violencia del mundo.

Nadie quiere a nadie. Sólo sombras líquidas se mueven en el
aire sucio.
La pasión es la altura y la enfermedad.
El cómico ha dejado su copa en la baranda peligrosa. La
noche es arqueada como un pétalo sobre las ventanas iluminadas.
La noche es de estrellas carnívoras.
Qué amor nos tocará la frente ácida? las paredes son desdichadas
y con musgo en el hotel donde persisto            la fiebre
es alta como una adolescente con las ropas azules y mojadas.
Con un alfiler podría atrapar esa mariposa; se desliza en la luz
del foco que cae como una lágrima entre la pestaña de los cables.
Con un alfiler insistiría en su corazón.

***

                          el mal, como un ala de murciélago,
vino a rozar nuestras rodillas. Estábamos en el balcón; en la
noche mirábamos la oscuridad, el grisado verde de un álamo
contra la tormenta.
La Fiesta hace años terminó.
Con la respiración detenida, en las tinieblas miramos el árbol
el mal nos corrigió las rodillas
hizo de nosotros esa historia.

***

una casa no es un hogar
a Sarah Vaughan

la sombra negra de un árbol cae sobre la ventana             siento el
alivio que da el temor.

sobre la vereda una mesa roja persiste como mancha de sangre.
Me inclino en el calor de un verano que corrompe.

En pequeñas camionetas son retirados los muebles
nada es perdonado: colchones con manchas antiguas, íntimas,
son paseados con la luz.

Se dejan atrás casas que parecen pesadillas; la tragedia jadea
entre paredes de papel comido por el resplandor

uno duda de si en casas así algo bueno nos ha quedado en el
corazón; si no es sólo sopor nuestro pecho hundido.

Soy una entre los ofendidos
los que envuelven sus muebles con sábanas     una       rejilla
mezclada con orín y cabellos

por las noches sueño con muebles son muebles altos y difíciles
pierden cajones          los adolescentes pierden sus
piernas arrancadas por las motos como una baba escapan
papeles y en los muebles quedan las hendiduras negras de lo
que falta;
son la boca que un lastimado no sabe oprimir.

Una casa es un lugar donde reponerse de la muerte
del deseo feroz: que una estrecha bengala nos rompa la frente.

el corazón               un pequeño farol con su aceite inestable
somos los inquilinos
pagamos por un cuarto y una ventana que dé sobre los árboles.

Leonor García Hernando nació en San Miguel de Tucumán, norte argentino, en 1955. Publicó Mudanzas, Negras ropas de mujer, La enagua cuelga de un clavo en la pared, Tangos del orfelinato / Tangos del asesinato y El cansancio de los materiales. Fue integrante del consejo de redacción de la revista “Mascaró”. Murió en Buenos Aires, en 2001

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