Durante su presentación en el Movistar Arena, Fito Páez decidió interpretar íntegramente su último álbum, lo que provocó silbidos y reclamos de una parte del público que esperaba escuchar sus canciones más reconocidas. La reacción generó un clima tenso en la sala, a pesar de que el concierto estaba con entradas agotadas.
Ante las manifestaciones, el artista respondió desde el escenario invitando a cantar, intentando reconducir el ambiente. Sin embargo, la decisión de ofrecer un bloque extenso con el disco completo, acompañado de una puesta conceptual que incluía narrativas visuales a través de proyecciones, no fue bien recibida por todos los asistentes, algunos de los cuales consideraron que la propuesta era demasiado pesada para un recital en vivo.
El debate no quedó solo en la sala: las redes sociales se llenaron de opiniones divididas respecto a la controversia. Mientras un sector defendió el derecho del músico a presentar su material más reciente como parte de su lenguaje artístico, otros usuarios sostuvieron que era lógico esperar un show con los hits más populares y que, al pagar la entrada, la audiencia anticipaba una selección más tradicional del repertorio.
La polémica puso en evidencia la tensión existente entre las propuestas artísticas actuales y las expectativas del público, especialmente en conciertos donde el artista opta por una versión más conceptual o experimental de su obra. Este episodio revela la complejidad de equilibrar innovación y demanda popular en espectáculos de alta convocatoria.