La reciente función de Don Giovanni en el Palau de la Música se vio marcada por una interpretación que no logró capturar la intensidad ni la riqueza que la ópera de Mozart y Da Ponte prometen. La presentación, fiel al formato íntegro sin cortes, incluyó piezas poco habituales en el repertorio moderno, pero careció del dinamismo y el vigor que caracterizan a esta obra clásica.

A lo largo de casi tres horas de duración, la propuesta escénica dirigida por Benoît De Leersnyder no consiguió mantener el interés del público, que se mostró impaciente y comenzó a retirarse antes del cierre. La dirección musical de Francesco Corti no logró superar la neutralidad que dominó la interpretación, dejando a la Orquestra de València limitada a un acompañamiento correcto pero sin una verdadera exploración del drama y el humor inherentes al libreto y la partitura.

Vocalmente, el elenco evidenció un desempeño correcto en conjunto, con algunas voces destacadas como la del tenor Marco Ciaponi en el papel de Don Ottavio, quien mostró un cuidado trabajo en su línea melódica. Sin embargo, ningún cantante logró insuflar suficiente vida o emoción a sus personajes para compensar el tono apagado de la puesta.

El Coro de la Comunidad de Madrid cumplió con sus intervenciones puntuales con la habitual profesionalidad, pero su accionar resultó insuficiente para contrarrestar la falta de chispa en la dirección general. La mezcla de una propuesta escénica poco imaginativa y una ejecución musical limitada derivó en una experiencia distante, muy alejada del despliegue de frescura y genio que Don Giovanni suele ofrecer.

El efecto inicial prometedor, sostenido por una introducción orquestal destacada y un diseño lumínico que resaltaba los matices dramáticos, se diluyó en el transcurso de la función. Este contraste marcó aún más la distancia entre el potencial artístico y el resultado final, especialmente en comparación con otras producciones recientes del mismo director musical, quien anteriormente había dirigido con éxito obras de gran impacto en este mismo escenario.

En definitiva, la versión presentada en el Palau no supo honrar la complejidad y el ingenio de esta ópera emblemática, resultando en una velada a medias que no satisfizo las expectativas generadas por la calidad del elenco ni por la tradición del espacio escénico.