La entrada principal del Estadio Azteca en Ciudad de México fue bloqueada por miles de manifestantes, integrantes de una facción disidente del sindicato CNTE, quienes reclamaron al gobierno aumentos salariales y la eliminación de una ley de pensiones. La protesta ocurrió pocos días antes de la ceremonia y el partido inaugural del Mundial de fútbol entre México y Sudáfrica.

Para contener a los manifestantes, las autoridades implementaron un fuerte operativo de seguridad que incluyó la instalación de barreras de hormigón y la presencia de un remolque sobre la pista para impedir que los docentes avanzaran hacia el estadio. Además, miles de policías fueron desplegados en la zona para garantizar el control del orden público.

Los manifestantes también establecieron un campamento cercano al Zócalo, plaza central de la capital, desde donde coordinan sus acciones y mantienen la presión al gobierno. Han bloqueado avenidas y destruido estatuas relacionadas con el Mundial, lo que ha generado un ambiente tenso a pocas horas del comienzo oficial del torneo.

Ante esta situación, la presidenta Claudia Sheinbaum calificó las protestas como una “provocación” pero descartó una acción represiva contra los manifestantes, enfatizando su deseo de mantener la inauguración en un marco de paz y tranquilidad. La funcionaria anunció que no asistirá al acto inaugural dentro del Estadio Azteca y que evalúa su presencia en la zona reservada para aficionados cercana al palacio presidencial.

Las movilizaciones de la CNTE reflejan el descontento ante respuestas gubernamentales consideradas insuficientes por los docentes. Uno de los manifestantes, Ángel Villalobos, indicó que la lucha continuará debido a que las demandas no han sido satisfechas, mientras otro participante reafirmó el compromiso con la protesta.