Estados Unidos incorporó a Unión Cuba-Petróleo (Cupet), la empresa estatal cubana de petróleo y gas, a la lista negra del Departamento del Tesoro, dificultando un intento por aumentar el suministro de combustible al sector privado de la isla en medio de una acentuada crisis energética.
Cupet produce alrededor de 40.000 barriles diarios de petróleo, un volumen que apenas cubre dos quintas partes de la demanda nacional. Además, controla las refinerías, la distribución de combustible y la mayor parte de la infraestructura energética cubana. La medida de Washington responde a la acusación de que el régimen cubano utiliza los recursos energéticos como herramientas de control y represión, además de señalamientos sobre la expropiación ilegal de activos estadounidenses.
Esta sanción complica las negociaciones entre una empresa comercializadora con sede en Florida, Vanguard Energy, y las autoridades estadounidenses y cubanas, que buscaban concretar el mayor envío de combustible estadounidense a Cuba desde la década de 1960. Vanguard Energy avanzaba trámites para exportar 250.000 barriles de diésel y gasolina destinados exclusivamente al sector privado, excluyendo a entidades estatales.
Sin embargo, la autoridad fiscal del condado de Miami-Dade revocó la licencia tributaria de Vanguard Energy, citando directamente las sanciones contra Cupet. El recaudador local manifestó que no permitirán que las empresas actúen en violación de sanciones federales ni mantengan negocios con entidades controladas por el gobierno cubano.
El presidente de Vanguard Energy evitó comentar tanto la sanción como la revocación de la licencia. A principios de año, Estados Unidos había flexibilizado restricciones para facilitar la venta de combustible a pequeñas empresas cubanas, en un intento por apoyar al sector privado del país, pero la inclusión de Cupet en la lista negra afecta directamente esta política.
Expertos en estudios cubanos señalan que el sector privado carece de infraestructura propia para la distribución y comercialización de combustibles, lo que genera un cuello de botella que las sanciones no hacen más que profundizar. La medida de EE. UU. también refuerza la presión económica y política sobre el gobierno cubano, especialmente en medio del éxodo de empresas extranjeras que enfrentan restricciones similares.