La contienda presidencial en Colombia muestra una clara polarización entre derecha e izquierda, con Abelardo de la Espriella posicionado al frente de las intenciones de voto para una posible segunda vuelta electoral. Según una encuesta nacional llevada a cabo por AtlasIntel en alianza con Publicaciones Semana, De la Espriella alcanza un respaldo significativo que lo sitúa por encima del senador Iván Cepeda, representante de la izquierda.

El estudio, realizado días atrás, revela que De la Espriella obtiene el 50.9% de la intención de voto en un escenario de balotaje, mientras Cepeda cuenta con el 43.1%. Al considerar únicamente votos válidos, descontando blancos, nulos e indecisos, la diferencia a favor del candidato derechista se amplía a ocho puntos porcentuales, con un 52.4% frente a 44.4%.

Este crecimiento sostenido de De la Espriella contrasta con la estabilidad y estancamiento del apoyo a Cepeda, cuyo respaldo varió entre el 42% y el 44.5% en los últimos meses. La ventaja de la derecha se fundamenta, además, en la capacidad de De la Espriella para retener la mayoría de sus seguidores de primera vuelta y atraer votantes de otras fuerzas políticas. Según el análisis, él conserva el 95.6% de sus votantes originales, absorbe el 84.5% del electorado de la centroderechista Paloma Valencia y capta alrededor del 30.7% de quienes apoyaron a Sergio Fajardo.

La encuesta también pone en evidencia marcadas diferencias demográficas en el apoyo electoral. Iván Cepeda domina con amplio margen entre los jóvenes de 18 a 24 años, logrando un 68.2% contra un 24.4% de De la Espriella en ese segmento. Sin embargo, en los grupos etarios con mayor peso electoral la tendencia se invierte claramente, favoreciendo al candidato de derecha y fortaleciendo su posición para la definición presidencial.

El cuestionario central de la encuesta se enfocó en determinar a quién votarían los colombianos en una segunda vuelta presidencial, reflejando un clima político tenso donde la desaprobación hacia la gestión del actual gobierno de Gustavo Petro se mantiene alta, debilitando al oficialismo y consolidando la oposición. Esta dinámica define un escenario electoral cada vez más competitivo y marcado por la fragmentación social y política.