En medio de la conmoción nacional por la muerte de Lyhanna, una niña de once años cuyo cuerpo fue encontrado el 4 de junio, el presidente Emmanuel Macron contactó telefónicamente a sus padres para brindar apoyo personal. La llamada tuvo lugar días después del hallazgo y estuvo acompañada por Brigitte Macron, esposa del mandatario. Esta comunicación reflejó un gesto de cercanía y respeto frente a la tragedia que sacudió a la región de Gers, en la ciudad donde residía la menor.
El vínculo entre el Estado y la familia se reforzó con la presencia de Laurent Carrié, jefe de gabinete de Macron y ex prefecto de Gers, quien viajó hasta la localidad casi de incógnito para reunirse tanto con los padres de Lyhanna como con el alcalde local. Esta reunión fue prolongada y emotiva, y se acordó que Carrié participaría en el funeral celebrado días después.
El caso ha puesto sobre la mesa varias críticas a la gestión de los servicios públicos. Macron reconoció que existen disfunciones visibles en estos sistemas y llamó a no reaccionar con demagogia ni precipitación. En su opinión, es imprescindible evitar respuestas impulsivas ante tragedias de esta naturaleza y apostar por soluciones serenas, pues una «tragedia no se responde con gritos».
Por otro lado, el presidente defendió la dotación presupuestaria a la justicia durante sus mandatos, negando que haya faltado recurso económico. Sin embargo, esta afirmación fue cuestionada por el abogado representante de los padres de la víctima, quien señaló que la eficacia de la justicia sigue siendo el verdadero problema. La discusión sobre la suficiencia de medios en el sistema judicial volvió a estar en el centro del debate tras este caso.
El acompañamiento discreto pero constante del gobierno a la familia busca evitar la sensación de instrumentalización política, aseguraron fuentes cercanas al asunto, en un momento delicado para la opinión pública y las autoridades.