La tragedia causada por dos terremotos consecutivos de magnitudes 7,2 y 7,5 estremeció Venezuela, dejando al menos 4.118 muertos y casi 17.000 heridos, según datos oficiales divulgados recientemente. La zona más afectada fue el estado La Guaira, vecino a Caracas, donde decenas de edificios colapsaron y miles quedaron sin vivienda.

El informe oficial reveló que más de 800 edificaciones sufrieron daños, de las cuales cerca de 190 se derrumbaron completamente. Las personas damnificadas tuvieron que refugiarse en espacios públicos como canchas, plazas y estadios, donde reciben atención básica y asistencia alimentaria por parte de voluntarios.

El gobierno de Venezuela confirmó que aproximadamente 17.907 personas perdieron sus hogares. Además, la presidenta interina solicitó la liberación de fondos nacionales bloqueados en el extranjero para contribuir a la recuperación, mientras la ONU trabaja para recaudar cerca de 300 millones de dólares para ayudar a las víctimas. Las Naciones Unidas estiman que hasta 50.000 personas podrían estar desaparecidas tras este desastre, considerado uno de los peores en la historia reciente de América Latina.

En el epicentro de la tragedia, decenas de familiares continúan la búsqueda entre los escombros de sus seres queridos. Un caso emblemático es el de Ciro Ocando, quien cavaba para encontrar a sus hijos adolescentes sepultados en las ruinas de Playa Grande, La Guaira. Tras dos semanas sin noticias, él y otros familiares improvisaron campamentos para continuar la ardua tarea, muchas veces costeando por sí mismos herramientas y equipos necesarios para las excavaciones.