El presidente Javier Milei lideró una reunión de gabinete en la Casa Rosada que se desarrolló en un clima de fuerte tensión política, tras las acusaciones públicas vinculadas al patrimonio del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La controversia tomó fuerza cuando Patricia Bullrich, una figura clave del oficialismo, insistió en exigir transparencia y que Adorni adelante su declaración jurada para despejar dudas y disminuir el desgaste del gobierno.

Esta situación expuso una fractura interna evidente entre los sectores más cercanos a Milei y los que apoyan a Bullrich. Mientras el Ejecutivo buscó mantener el control y proteger la imagen de Adorni, la senadora decidió romper el consenso implícito al reclamar explicaciones públicas, lo que fue interpretado en el entorno presidencial como una actitud desafiante y poco solidaria.

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La tensión entre Karina Milei, ligada al presidente, y Patricia Bullrich se profundizó en los días previos a la reunión. Desde la órbita presidencial acusaron a Bullrich de intentar sacar provecho político de la crisis, aunque la senadora defendió sus acciones asegurando que solo cumplió con su deber. En respuesta, Adorni mantuvo su agenda pública, incluyendo una visita a la planta de Mercedes-Benz en Zárate, y ofreció una conferencia para aclarar su situación justo antes del encuentro ministerial.

El jefe de Gabinete trata de revertir el impacto negativo con esta estrategia, pero el malestar interno persiste y deja a la coalición oficialista en una posición vulnerable. La reunión convocada por Milei no solo buscó contener la crisis actual, sino también evaluar la cohesión del bloque de gobierno frente a futuros conflictos que pudieran surgir.