Un reducido pero apasionado grupo de seguidores de Belgrano se reunió en el barrio madrileño de Lavapiés para acompañar el título del club en el Apertura 2026, a más de 10.000 kilómetros de su ciudad natal, Alberdi. El encuentro, celebrado en un bar pequeño y abarrotado, se convirtió en un homenaje a la hinchada celeste pese a las condiciones adversas.

La comunidad de aproximadamente 50 personas se organizó a partir del clásico del Clausura 2025 y desde entonces afrontaron madrugadas frías y la búsqueda de lugares adecuados para ver los partidos. En España, la transmisión se realiza por internet, lo que generó interrupciones constantes, incluido un corte muy cercano al inicio del juego decisivo, lo que aumentó la tensión entre los hinchas.

Durante el partido, los cánticos se adaptaron a la distancia geográfica: bromas sobre la arbitrariedad y referencias locales se mezclaron con los clásicos cantos de la Barra de los Piratas. La calorosa atmósfera del bar contrastaba con el frío exterior y la espera previa que comenzó al mediodía, con asado, Fernet y música de cuarteto para mantener vivo el ánimo.

La euforia se contenía en momentos clave: tras cada gol, los seguidores volvían a sus lugares para no perder detalle, evitando grabar videos o consultar el teléfono para no arruinar la sorpresa del resultado, que a veces llegaba antes a través de mensajes que por la señal del partido.

La última etapa del partido fue una mezcla de nervios y esperanza. Desde el polémico penal reclamado hasta el pitazo final, apenas se escuchaban voces. Al finalizar, la explosión de alegría se reflejó en cantos, abrazos y lágrimas, transformando aquel reducido bar madrileño en un prolongado pedazo de Alberdi, un espacio de comunidad y memoria para los hinchas que compartieron dicha histórica a miles de kilómetros de casa.