El Mundial 2026, que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, enfrenta una amenaza inesperada pero grave: las condiciones climáticas extremas derivadas del calentamiento global. Un grupo de científicos internacionales alertó que múltiples partidos se disputarán en situaciones de calor y humedad que podrían poner en riesgo la integridad física de deportistas y aficionados.

La red World Weather Attribution (WWA), un conjunto de expertos en clima, utilizó el índice WBGT para medir el peligro real que representa este calor. El WBGT combina temperatura, humedad y radiación solar para evaluar el estrés térmico sobre el cuerpo humano. Según sus análisis, cerca de 26 encuentros del torneo tendrán un nivel superior a 28°C WBGT, equivalente a unos 38°C en clima seco, umbral a partir del cual incluso los atletas profesionales pierden su capacidad natural para regular la temperatura corporal.

En particular, se señalaron como de alto riesgo partidos que se realizarán en recintos al aire libre y durante horarios diurnos en ciudades como Miami, Kansas City y Nueva Jersey. Aunque algunos estadios cuentan con sistemas de climatización, preocupa el efecto del calor sobre los miles de espectadores que permanecen expuestos al sol en áreas externas. Esta situación ha generado inquietud entre los científicos, quienes consideran que las medidas actuales no son suficientes para proteger la salud de todos los involucrados.

Ante este panorama, la FIFA ya implementó en sus protocolos la incorporación de dos pausas por partido, conocidas como “cooling breaks”, de tres minutos cada una para que jugadores puedan hidratarse y refrescarse. No obstante, los expertos reclaman extender la duración de estas pausas al menos a seis minutos para lograr una rehidratación efectiva, dado que el riesgo de olas de calor se ha duplicado desde la Copa del Mundo de 1994.

En respuesta a estas advertencias, la FIFA señaló que realizará un monitoreo constante de las condiciones climáticas durante el evento y dispondrá de protocolos de contingencia para actuar en casos de fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, la preocupación persiste tanto por la seguridad en el terreno de juego como en las tribunas, evidenciando la compleja relación entre el deporte y el cambio climático que comienza a ser un factor decisivo en la organización de eventos internacionales.