Preservar una buena función muscular es fundamental para un envejecimiento saludable que permita conservar la autonomía y evitar hospitalizaciones. De acuerdo con expertos, cuatro grupos musculares poco considerados en la práctica clínica marcan la diferencia en la calidad de vida en edades avanzadas: los glúteos, la fuerza de agarre, las pantorrillas y el diafragma.

La fortaleza de los glúteos, comúnmente vinculada a la estética, cumple un papel crucial en la prevención de caídas, una de las principales causas de lesiones graves en adultos mayores. Estudios científicos han demostrado que una mayor fuerza en los abductores de cadera reduce significativamente este riesgo, y ejercicios sencillos como sentadillas o caminatas en pendiente pueden contribuir a mantener esa capacidad.

Además, la fuerza de agarre, evaluada mediante la presión que se ejerce al apretar la mano, se presenta como uno de los mejores indicadores de salud general y supervivencia. Este parámetro supera incluso a la presión arterial en la predicción del riesgo de mortalidad, pues refleja el estado muscular global y la capacidad funcional para realizar tareas diarias y recuperarse de enfermedades.

Las pantorrillas, particularmente los músculos gemelos, también almacenan información relevante sobre la fragilidad física. Mantener su tamaño y fuerza ayuda a conservar la movilidad y el equilibrio, lo que reduce la dependencia y el riesgo de hospitalizaciones.

Por último, el diafragma, músculo central en la respiración, no solo influye en la capacidad pulmonar, sino en el control postural y la estabilidad general, aspectos clave para evitar caídas y mejorar la calidad de vida.

Especialistas recomiendan prestar atención a estos cuatro grupos musculares a partir de la mediana edad con ejercicios regulares y adaptados que faciliten su fortalecimiento sin necesidad de largas rutinas ni equipamiento complejo. Este enfoque puede incrementar la autonomía y disminuir los riesgos asociados con el envejecimiento.