La industria del salmón en Chile enfrenta nuevamente críticas por las condiciones extremas en que trabajan algunos de sus empleados y por el daño ambiental que genera su actividad en el sur del país. Una investigación publicada por un medio internacional detalló una alta tasa de fallecimientos entre buzos y trabajadores marítimos, quienes deben realizar tareas de alto riesgo en las jaulas submarinas donde se crían los salmones.
Chile es el segundo mayor productor mundial de salmón, concentrando su producción principalmente en las regiones australes de Los Lagos, Aysén y Magallanes. El rápido crecimiento de esta industria en las últimas décadas ha fortalecido su presencia en el mercado global, pero también ha multiplicado las denuncias de precariedad laboral, contaminación y uso excesivo de antibióticos para mantener la producción intensiva.
Las condiciones laborales resultan especialmente peligrosas para los buzos encargados del mantenimiento de las jaulas bajo el agua, quienes realizan inmersiones frecuentes en entornos aislados y con escasa fiscalización. Diversas organizaciones sindicales y ambientales denuncian la falta de control estatal, lo que agrava la vulnerabilidad de estos trabajadores y dificulta la implementación de medidas de seguridad adecuadas.
Desde el punto de vista ambiental, la salmonicultura ha sido cuestionada por su impacto sobre el ecosistema marino. La concentración masiva de peces genera una acumulación significativa de residuos orgánicos que afectan al fondo marino, alteran la biodiversidad y proliferan enfermedades que pueden propagarse rápidamente. Además, el uso intensivo de antibióticos ha sido objeto de críticas a nivel internacional, comparado desfavorablemente con otros países productores.
Las comunidades locales y organizaciones ambientalistas también señalan que la expansión de las granjas salmoneras perjudica a las actividades tradicionales como la pesca artesanal y el turismo, además de transformar ecosistemas estratégicos en términos de biodiversidad en el sur del continente.
La industria salmonera mantiene una fuerte influencia económica y política en Chile, lo que ha complicado la implementación de regulaciones más estrictas para controlar los impactos negativos. A pesar de ello, el sector sigue representando una fuente crucial de empleo y divisas para el país.
El debate sobre la salmonicultura cruzó fronteras hasta Argentina, donde en Tierra del Fuego se aprobó recientemente la reanudación de la cría de salmón a gran escala, cuatro años después de una prohibición. Esta medida provocó críticas desde ámbitos científicos y ambientales por los posibles daños al Canal Beagle y a los ecosistemas fueguinos, considerados únicos a nivel mundial.