En Tucumán, gran parte de la población activa enfrenta una situación laboral donde un solo empleo no alcanza para mantener a la familia. Joaquín Gómez Picuard, de 31 años, representa esta realidad. Se despierta antes del amanecer para preparar a su hijo, mientras lucha por equilibrar dos trabajos, sus estudios y la responsabilidad de ser padre y sostén del hogar.

Joaquín trabaja por la mañana en una herrería especializada en la fabricación de equipamiento para gimnasios, un oficio en el que el volumen de pedidos no siempre garantiza estabilidad. Este empleo, junto con su trabajo dando clases por la tarde, le permite sostenerse, aunque el cansancio constante lo acompaña. Reconoce que duerme apenas cinco horas y que la presión por cumplir con todas sus responsabilidades aumenta diariamente.

Además de su jornada laboral, estudia Profesorado de Educación Física, carrera que está próximo a finalizar. El estudio es una inversión personal para ampliar sus oportunidades, pero la combinación de actividades lo obliga a administrar con precisión cada minuto. Las tareas cotidianas incluyen despertar a Felipe, su hijo, y acompañarlo hasta la parada del colectivo para que asista a la escuela. Su rutina se desarrolla bajo un clima laboral que reflejan miles de tucumanos: el pluriempleo como exigencia económica más que como opción.

En su hogar, donde también convive con sus padres y su hermano, encuentra apoyo imprescindible. El fenómeno del pluriempleo afecta a una significativa cantidad de trabajadores de la región, quienes deben sumar ingresos debido a que el mercado laboral local no asegura estabilidad económica con un solo empleo. Según datos de la zona, tres de cada diez personas empleadas enfrentan esta necesidad.

La combinación de trabajo en la herrería, las clases de gimnasio y el estudio configura un día cargado, sin pausas. Joaquín apunta a completar su carrera para mejorar su futuro, aunque debe enfrentar la incertidumbre laboral y la presión constante que conlleva cumplir con múltiples roles. Su historia evidencia una realidad extendida en Tucumán y buena parte del país, donde la precariedad económica impulsa a multiplicar esfuerzos para sostener a la familia y buscar un crecimiento personal.