El fracking, o fracturación hidráulica, se ha consolidado como un método esencial para la extracción de hidrocarburos incrustados en formaciones rocosas profundas. Esta técnica consiste en perforar vertical y horizontalmente para inyectar una mezcla de agua, arena y químicos a alta presión, fracturando la roca y liberando el gas y petróleo atrapados.
Pese a su presencia mundial, el fracking se practica comercialmente en pocos países. Estados Unidos es la referencia principal, donde su desarrollo transformó la industria energética a fines del siglo XX, proceso conocido como la «revolución shale». Esta transformación permitió a EE. UU. pasar de ser un importante importador a convertirse en el mayor productor global, con cuencas claves como Permian Basin, Bakken y Eagle Ford, que sostienen la economía energética del país.
En otros continentes, la técnica se encuentra en distintas etapas. Canadá y China la aplican a nivel comercial, mientras que Arabia Saudita se sumó recientemente a este grupo selecto, diversificando su matriz energética más allá del petróleo convencional. Sin embargo, en varias regiones el fracking aún es evaluado o se utiliza en menor escala por cuestiones técnicas, económicas o ambientales.
En Sudamérica, Argentina destaca con su desarrollo en Vaca Muerta, uno de los yacimientos no convencionales más grandes del mundo. La explotación de esta formación comenzó a tomar impulso en la pasada década tras aprobarse en 2013 su utilización, otorgando un plazo de operación de 35 años a empresas como YPF y Chevron. Este avance posiciona a Argentina como uno de los protagonistas emergentes en la producción y posible exportación de hidrocarburos no convencionales.
El crecimiento en Argentina es notable: recientemente se alcanzó un récord nacional de producción de petróleo, superando volúmenes históricos y consolidando la importancia del fracking en la matriz energética local. Aunque la producción no convencional en EE. UU. muestra signos de leve declive, Vaca Muerta sigue en expansión con potencial para crecer en los próximos años.
La diferencia clave entre hidrocarburos convencionales y no convencionales radica en el método de extracción. Mientras el convencional se limita a perforaciones verticales tradicionales, el fracking implica técnicas más complejas y costosas, pero que permiten acceder a recursos antes inaccesibles. Su desarrollo ha cambiado el panorama energético mundial, aunque también genera debates asociados a impacto ambiental y sostenibilidad.