Una familia decidió apostar hace más de veinte años por desarrollar un vino artesanal en la Patagonia atlántica, un territorio desafiante marcado por el viento constante y la influencia del océano. Así nació Viñas de Lucía, una bodega que comenzó su actividad en 2004 y actualmente elabora cerca de 30.000 botellas anuales bajo la marca SAVU, consolidándose como un referente local en la producción vitivinícola artesanal.
El emprendimiento se encuentra en el valle de Viedma, dentro de la provincia de Río Negro, cerca de San Javier, en una zona que forma parte del Idevi, el Instituto de Desarrollo Vitivinícola de la Patagonia. Allí se implantaron los primeros varietales de Malbec, Cabernet Sauvignon y Syrah, provenientes de San Juan, región histórica de la vitivinicultura argentina que aportó las plantas originarias para el proyecto.
El crecimiento del viñedo no estuvo exento de desafíos. La adaptación genética de las vides a un clima marcado por primaveras frías y heladas tardías requirió años de cuidados, construcción de espalderas y estabilización de las plantas. Fue recién en 2011 cuando comenzaron las primeras vinificaciones, y tres años después se dio el inicio en la comercialización, orientándose primero al mercado regional.
Actualmente, Viñas de Lucía cuenta con cinco hectáreas implantadas y proyecta expandirse hasta siete. Asimismo, analizan qué nuevas variedades podrían adaptarse mejor a las condiciones locales para potenciar la producción en el futuro.
El factor distintivo del vino producido en esta zona es el denominado «terroir marítimo». Este concepto describe la influencia climática directa del océano Atlántico, que se manifiesta en vientos fríos del sur, lluvias y brumas frecuentes. Esta combinación particular modera las temperaturas extremas y reduce el impacto de las heladas, dando un equilibrio climático que favorece el desarrollo saludable de las plantas.
Además, el suelo calcáreo y pedregoso del valle contribuye a la expresión única del vino, asignándole características de frescura y mineralidad que no se encuentran en otras regiones vitivinícolas argentinas. Así, Viñas de Lucía logra imprimir una identidad territorial muy marcada en cada botella.