Una gran cantidad de habitantes de 9 de Julio se reunió para recorrer el cementerio local, en una actividad cultural que vinculó historia, memoria y patrimonio. La visita, guiada por el historiador Héctor José Iaconis, permitió un acercamiento al valor histórico y simbólico de los mausoleos y sepulturas más representativos del lugar.
El punto de partida fue la entrada principal del cementerio, cuya instalación definitiva data de 1873. Este traslado respondió a la expansión urbana y el trazado ferroviario, moviendo allí los restos de las primeras generaciones que habitaron la ciudad. Antes, el primer enterratorio se encontraba muy cerca del núcleo fundacional, y un segundo predio fue habilitado entre 1866 y 1867 en la actual zona delimitada por calles históricas.
Durante el paseo, los participantes escucharon sobre la evolución del cementerio y las modificaciones que sufrió hasta alcanzar su estado actual, incluyendo una ampliación de 1910 y la venta pública de lotes para panteones en 1911. Además, se destacaron aspectos menos conocidos, como la necesidad sanitaria que motivó la exhumación y el diseño del plano general a cargo del agrimensor Thamm en 1887.
Uno de los momentos más emotivos del itinerario fue la lectura de documentos originales vinculados a personajes célebres sepultados allí. En particular, frente al mausoleo de Eduardo Moledo, se leyó un fragmento del discurso pronunciado por Virginio P. García en 1930, que resaltó la importancia humana y social del homenajeado, conectando a los oyentes con la biografía y legado del personaje.
Esta propuesta cultural trascendió el formato tradicional de visitas guiadas, configurándose como un espacio de encuentro comunitario que facilitó el diálogo y la reflexión sobre la identidad colectiva. La interacción permanente entre el público y el guía fomentó consultas y observaciones que enriquecieron la experiencia, dejando en evidencia la valoración local por conservar y comprender la memoria histórica.