Paulo Dybala atravesó una nueva etapa en su carrera al cambiar de representante, eligiendo a Kristian Bereit, un agente inglés con estrechos lazos con Boca Juniors. Este movimiento generó expectativa en el entorno del club argentino, que ve en la posibilidad de contar con el delantero un refuerzo clave para sus ambiciones deportivas.

El delantero, que finaliza su contrato con Roma a finales de junio, aún no ha alcanzado un acuerdo para renovar su vínculo. El club italiano le habría ofrecido una reducción salarial considerable, con un contrato de un solo año y condiciones variables vinculadas a su desempeño, una propuesta que contrasta con su salario actual, uno de los más altos del plantel.

En Boca, la llegada de Bereit subió las apuestas porque el representante está detrás de otros jugadores estrechamente relacionados con el club. Entre ellos figuran figuras como Ander Herrera, Santiago Ascacibar y Marcos Rojo. Además, Bereit ha participado en negociaciones importantes para Boca, como la transferencia de Aaron Ansell al Chelsea, lo que fortalece la credibilidad de este posible vínculo con Dybala.

El interés de Boca va más allá del atractivo deportivo. Dybala representa un jugador con nivel internacional consolidado y vigente, ideal para el proyecto deportivo que diseñó Juan Román Riquelme para disputar la Copa Libertadores. También influye en esta ecuación la relación personal entre Dybala y Leandro Paredes, amigo íntimo y compañero en la selección argentina, cuyo nombre también figura entre los observados por el club.

El vínculo de Dybala con Boca no es nuevo ni casual. Walter Adrián Saracho, uno de sus primeros entrenadores en las inferiores de Instituto de Córdoba, recordó que el delantero siempre fue hincha del club y solía presentarse a los entrenamientos con la camiseta azul y oro. Esta historia alimenta aún más la ilusión de los hinchas y la posibilidad de un regreso a Sudamérica para el atacante.