La Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos anunció que durante la primera semana de junio se registraron las condiciones propias del fenómeno climático El Niño, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Océano Pacífico en su franja tropical. Este episodio se prevé que se extienda hasta finales del invierno en el hemisferio norte, es decir, hasta febrero de 2027, con la posibilidad de alcanzar niveles muy intensos.

El fenómeno se identifica cuando la temperatura del agua en la zona ecuatorial del Pacífico aumenta al menos 0,5 grados centígrados sobre el promedio histórico. En este caso, las mediciones de julio indicaron un incremento de 0,7 grados, y los científicos de la NOAA estiman una probabilidad del 63% de que la temperatura supere los dos grados, marcando un El Niño particularmente fuerte entre noviembre de 2026 y febrero de 2027.

El impacto sobre el clima, especialmente en América del Sur, será notorio. En Brasil, se anticipa un período de lluvias más corto y débil en las regiones Norte y Nordeste, elevando el riesgo de sequías. A la vez, el sur del país, especialmente los estados de Santa Catarina y Rio Grande do Sul, enfrentará lluvias intensas, tal como ocurrió en 2024 cuando sufrió inundaciones históricas. Estas variaciones reflejan la influencia directa de las fluctuaciones térmicas oceánicas sobre los patrones meteorológicos regionales.

El profesor Ricardo de Camargo, del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas de la USP, señaló que aunque la NOAA utiliza criterios rigurosos basados en una extensa red de observación atmosférica y oceánica, es complejo determinar si los fenómenos como El Niño están aumentando en frecuencia o intensidad debido al calentamiento global. Destacó que es fundamental diferenciar entre la variabilidad climática natural, a la que pertenece El Niño, y el cambio climático de fondo que afecta las temperaturas globales y oceánicas.

Además, Camargo mencionó las limitaciones a que se enfrentan los investigadores estadounidenses para abordar temas climáticos, ya que algunos términos relacionados con el cambio climático están restringidos por la administración federal. Sin embargo, existen otros centros de monitoreo internacionales en Europa, Japón y Australia que también contribuyen con datos y análisis para entender mejor estas dinámicas.