El dólar oficial del Banco Nación inició la última rueda de junio con una cotización de $1500 para la venta, su precio más alto desde noviembre del año anterior, y cerró el mes con un aumento que supera el 5%. Este incremento se produce en un contexto de mayor demanda ligada al pago de aguinaldos y una significativa reducción en el ritmo de compras de divisas por parte del Banco Central.
En paralelo, el dólar paralelo se vendió cercano a los $1520, mientras que el dólar mayorista fluctuó alrededor de $1480. Además, los precios del dólar financiero también marcaron subas importantes: el dólar MEP llegó a $1510 y el Contado Con Liquidación (CCL) superó los $1554. En comparación, el dólar tarjeta se mantuvo por encima de los $1900.
La recuperación del tipo de cambio oficial responde a varios factores. Por un lado, la primera cuota del aguinaldo generó un aumento temporal en la demanda de divisas. Por otro, se registró un incremento en las posiciones abiertas en el mercado de futuros, lo que refleja una mayor búsqueda de cobertura contra la devaluación. A esto se suma la estrategia del Banco Central, que frenó las compras de divisas para contener la presión sobre las reservas internacionales y evitar un salto brusco en el dólar.
Sin embargo, este ajuste repercutió en las perspectivas del mercado financiero local. La estrategia conocida como carry trade, que fue altamente rentable durante el año, mostró pérdidas mensuales por primera vez desde 2025. La suba del dólar, junto con la política del Banco Central de vender futuros y bonos atados a la moneda estadounidense, afectó la rentabilidad de las inversiones en pesos.
A pesar de este aumento en junio, el tipo de cambio oficial acumula un alza moderada del 1,4% en lo que va del año, ampliamente por debajo de la inflación acumulada. Este ritmo controlado busca absorber las fluctuaciones externas, como la depreciación del real brasileño, las bajas en el precio del petróleo y la tenue tregua en Medio Oriente, factores que inciden sobre los mercados cambiarios regionales.
Finalmente, la menor liquidación del sector agropecuario y la fortaleza global del dólar, impulsada por la política restrictiva de la Reserva Federal de Estados Unidos, agregaron presión al alza del tipo de cambio mayorista durante junio, confirmando un cambio en la dinámica cambiaria tras meses de relativa estabilidad.