El riesgo país de Argentina descendió este jueves hasta los 447 puntos básicos, el nivel más bajo registrado en más de ocho años, según el índice elaborado por JP Morgan. Esta caída se produjo después de que la agencia Standard & Poor's mejorara la calificación crediticia del país, pasando de CCC+ a B-. Este cambio refleja una mayor confianza internacional en la capacidad de pago y estabilidad económica de Argentina.

Además de esta mejora en la calificación, otros factores contribuyeron a la reducción del riesgo país, como el superávit fiscal, el orden monetario, el aumento de reservas internacionales, y el superávit comercial. También se destaca el saneamiento del balance del Banco Central, la reducción de los ratios deuda a PIB y la implementación de un programa financiero con dólares prefinanciados que extiende el plazo de la deuda en pesos. Según el secretario de Finanzas, Federico Furiase, estas condiciones fortalecen la entrada de capitales y facilitan tasas más bajas para inversiones en el país.

Desde comienzos de año este indicador mostró una tendencia volátil, aunque con una marcada compresión de tasas que permitió romper la barrera de los 500 puntos en enero. Tras una reacción al alza en los meses siguientes, la reducción del riesgo se retomó a fines de mayo, impulsada por las mejoras en las calificaciones internacionales y el crecimiento de las reservas del Banco Central. La última vez que el riesgo país alcanzó un nivel similar fue en mayo de 2018, justo antes de la crisis económica que llevó a Argentina a solicitar un crédito al Fondo Monetario Internacional.

Hace pocas semanas, la agencia Fitch había realizado una mejora similar en la nota crediticia, y se aguarda que la evaluación de Moody’s prevista para julio mantenga esta tendencia favorable. Esta situación abre nuevas oportunidades para los inversores internacionales, ya que la caída del riesgo país reduce el costo de financiamiento para Argentina y favorece el flujo de capital hacia activos argentinos.

El riesgo país es un indicador que mide la sobretasa que un país debe pagar en comparación con los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados el activo más seguro a nivel global. Un nivel más bajo en este índice indica mayor confianza de los mercados y condiciones más favorables para endeudarse tanto para el sector público como privado.