La confirmación oficial de la victoria de Keiko Fujimori cerró un período de incertidumbre que duró más de tres semanas en Perú. La candidata de derecha obtuvo el 50,13% de los votos frente a un 49,86% de su rival de izquierda, Roberto Sánchez, según los resultados definitivos publicados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Esta contienda ha sido una de las más reñidas en la historia reciente de América Latina, con una diferencia de apenas 50.000 votos entre ambos aspirantes, sobre un universo de más de 18 millones de electores. La oficialización de los resultados abre el camino para el próximo traspaso de mando al presidente interino José María Balcázar, previsto para el 28 de julio, cuando Fujimori asumirá un mandato de cinco años.
El triunfo de Keiko Fujimori representa el retorno del fujimorismo al poder dos décadas después del gobierno de su padre, Alberto Fujimori, quien dirigió Perú entre 1990 y 2000 y cuya gestión concluyó con su condena por corrupción y violaciones a los derechos humanos. La candidata reconoció la polarización del país y advirtió que deberá trabajar para tender puentes y fomentar el diálogo entre las fuerzas políticas y la sociedad fragmentada.
No obstante, la tranquilidad política continúa siendo esquiva, ya que su rival, Roberto Sánchez, denunció irregularidades en el proceso electoral y pidió la anulación de los votos emitidos en el exterior. Sánchez convocó nuevamente a manifestaciones en la capital, Lima, cuestionando la legitimidad de los resultados y afirmando que no reconoce la victoria de Fujimori.
Perú enfrenta una crisis política profunda, que se refleja en la sucesión de presidentes desde 2016 y en un clima institucional inestable. Estas elecciones buscaban superar esa tensión, pero la estrecha diferencia y las denuncias ponen en evidencia la persistencia del conflicto.