La producción de soja durante la campaña 2025/26 cerró con 50,1 millones de toneladas, un resultado que aunque mostró una ligera caída interanual, se ubicó un 19% por encima del promedio de los últimos cinco años. Este crecimiento estuvo respaldado principalmente por un incremento en el rendimiento promedio nacional, que llegó a 31,3 quintales por hectárea, superando en un 5% al ciclo anterior y en un 21% al promedio quinquenal.
Este aumento en los rindes tuvo especial relevancia si se considera que la superficie sembrada disminuyó un 8,6%, equivalente a una reducción de 1,6 millones de hectáreas frente a la campaña anterior. La Bolsa de Cereales de Buenos Aires destacó que esta mejora permitió no solo compensar la caída en área, sino sostener un volumen de producción que se mantuvo por encima de los registros recientes.
Las regiones que mostraron un mejor desempeño fueron los Núcleos Norte y Sur, donde los rendimientos superaron levemente los promedios históricos, con lotes que alcanzaron hasta 55 quintales por hectárea. Además, tanto el NOA como el norte de La Pampa y el oeste de Buenos Aires registraron récords históricos en soja de primera y segunda, según datos de la Bolsa de Cereales.
En cuanto al impacto económico, el complejo sojero continúa siendo un pilar de las exportaciones argentinas. Se proyecta que la campaña podría generar un ingreso bruto cercano a los 20.000 millones de dólares, cifra que, descontadas las importaciones para la industria aceitera, dejaría exportaciones netas alrededor de 17.500 a 17.600 millones de dólares, según estimaciones de consultoras y la Bolsa de Comercio de Rosario.
A pesar del sólido desempeño productivo, la comercialización mostró un ritmo más lento que el año anterior. Durante el primer semestre se despacharon al exterior 20,1 millones de toneladas, un 3% menos que en el mismo periodo de la campaña previa, siendo uno de los niveles de embarque más bajos de la última década para esos meses.
En el mercado interno, la venta de soja también se desaceleró. Actualmente, sólo el 23% de la producción estimada tiene precio fijado, es decir, 11,8 millones de toneladas, un porcentaje que no se veía desde hace más de veinte años para esta época. Sumando ventas con precio y aquellas pendientes de fijación, el total comercializado alcanza un 40% de la cosecha, por debajo del promedio del 48% registrado en los últimos cinco años.
Este comportamiento más cauteloso de los productores ocurre en un contexto donde, pese a la menor superficie, se mantuvieron elevados niveles productivos gracias a la mejora en los rendimientos, lo que podría influir en la dinámica de mercados y precios en los próximos meses.