El dato inflacionario de abril revela una desaceleración significativa al perforar el piso del 3%, marcando un alivio para el Gobierno, aunque insuficiente para revertir las preocupaciones económicas profundas que enfrenta el país. La baja inflación no está acompañada de una mejora en los salarios ni en el poder adquisitivo, lo que mantiene estancado el mercado interno y desata incertidumbre social.

El presidente debió ajustar las metas oficiales, postergando la intención inicial de llevar la inflación mensual a niveles mínimos para agosto y situando ese objetivo a mediados de 2027. Este cambio refleja la compleja realidad económica y la creciente inquietud social, donde el miedo a la pérdida del empleo y la imposibilidad de cubrir la canasta básica se han impuesto como las prioridades en la agenda pública, desplazando el foco anterior sobre el aumento de precios.

Las empresas actúan con cautela ante este escenario, afectadas por factores que limitan una recomposición salarial. Tres elementos clave frenan la recuperación del ingreso: la competencia con productos importados que reduce los márgenes de ganancia; el aumento de costos fijos, como tarifas e impuestos, que limita la capacidad de aplicar aumentos; y la estabilidad del dólar que afecta la competitividad de sectores exportadores tradicionales.

En este contexto, el Gobierno descarta la emisión monetaria o la reactivación masiva de obra pública para estimular la economía, manteniendo firme su compromiso con la estabilidad fiscal. La estrategia central radica en activar la «Fase 4» del plan monetario, que apunta a remonetizar pesos circulantes provenientes de compras de divisas, buscando evitar que el exceso de moneda se retire del sistema.

A pesar de esta aproximación, durante los primeros meses del año el Banco Central adquirió una cantidad significativa de dólares, pero la base monetaria continuó contrayéndose, indicando que la liquidez permanece escasa. Mientras el comercio minorista y las pequeñas y medianas empresas no muestran señales claras de recuperación, las expectativas sostienen que el Producto Bruto Interno podría expandirse cerca de un 3% anual.

Este crecimiento económico, sin embargo, no es homogéneo ni amplio en generación de empleo. Se concentra en actividades de alta inversión de capital y baja creación inmediata de puestos de trabajo, como la agroindustria, impulsada por la cosecha; la energía, con planes de exportación de crudo y gas; y la minería, enfocada en la extracción de litio y minerales orientados al mercado internacional.