La morosidad en préstamos personales marcó un nuevo máximo, con un porcentaje de impagos que rozó el 15,9% en mayo, según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Este indicador reflejó el mayor incremento mensual en seis meses y confirma la tendencia al alza en la dificultad de las familias para cumplir con sus obligaciones financieras.
El BCRA informó que, en total, el 12,8% de los créditos otorgados a los particulares presentó atraso en los pagos, aumentando 0,7 puntos porcentuales respecto al mes anterior. Este porcentaje muestra un crecimiento acelerado en comparación con el 2,5% relevado meses atrás, evidenciando un deterioro progresivo en la capacidad de endeudamiento y pago de los hogares.
El sector de tarjetas de crédito también mostró un aumento en la mora, alcanzando un 13,1%, mientras que los préstamos prendarios e hipotecarios presentaron niveles más bajos pero con alzas sostenidas, de 7,7% y 1,6% respectivamente. La menor morosidad en estos últimos se asocia a la prioridad que las familias dan a mantener al día las deudas vinculadas a bienes duraderos como viviendas y vehículos.
Uno de los aspectos más preocupantes es el comportamiento de los jóvenes, especialmente menores de 35 años, que enfrentan tasas altas de mora. De acuerdo con el informe de la consultora 1816 basado en la base de datos CENDEU del BCRA, casi un 40% de estos jóvenes con créditos vigentes presenta al menos una deuda irregular. Este grupo tiende además a recurrir más a entidades financieras no bancarias, como las fintech, donde la mora alcanza niveles cercanos al 30%, triplicando la media general.
Estas entidades no financieras concentran aproximadamente el 15% del total de créditos y registran un índice todavía más alarmante entre quienes solo se financian a través de ellas, superando el 50% de morosidad. Esto refleja la dificultad que enfrentan varios sectores de la población para acceder al financiamiento bancario tradicional, ya sea por ingresos insuficientes o requisitos estrictos.
Los altos niveles de mora provocan que los bancos mantengan tasas de interés elevadas, en torno al 65% o 70% para préstamos personales, mientras que las tasas pasivas, como las de plazos fijos, permanecen alrededor del 20%. Esta brecha dificulta que el crédito al sector privado recupere su rol de motor económico, un desafío clave para las políticas gubernamentales.
Además, los problemas económicos de las familias no se limitan a la mora crediticia, sino que también se manifiestan en atrasos en pagos esenciales, como expensas y otros servicios, aumentando la presión financiera sobre los hogares del país.