La mejora en la seguridad pública ha generado un cambio profundo en la economía salvadoreña al permitir que comerciantes y ciudadanos canalicen sus recursos hacia el consumo y la inversión, en lugar de destinarlos a pagos extorsivos o servicios privados de protección. Esta transformación se refleja en un aumento notable de las remesas familiares, que han crecido en los primeros meses del año, y que ahora se traducen en mayor dinamismo en el comercio minorista y la recreación.
El analista en inteligencia y seguridad, Arturo Grandón, explicó que la eliminación de las barreras impuestas por pandillas facilitó la reunificación social y la libre movilidad en varios barrios, lo que ha redundado en un ambiente más propicio para el desarrollo económico. Este avance se evidencia en actividades cotidianas que anteriormente se veían limitadas, como la celebración de festividades familiares y la libre circulación entre colonias, hechos que generan un impacto positivo en la cohesión comunitaria y el bienestar social.
Este contexto de seguridad sostiene también los indicadores macroeconómicos, con un crecimiento del Producto Interno Bruto cercano al 5% durante el primer trimestre, y una afluencia histórica de turistas internacionales que supera el millón. La consolidación del país como destino seguro ha fortalecido al sector turístico, considerado por expertos como un motor clave para la creación de empleos y la expansión del sector servicios, además de fomentar el consumo interno. Los ingresos provenientes tanto del turismo como de las remesas se han convertido en pilares para el impulso económico nacional.
Consciente de la importancia de estas mejoras, Grandón advirtió sobre la necesidad de mantener medidas legales excepcionales que han resultado eficaces para contener la criminalidad, como el régimen de excepción vigente desde 2022, cuya continuidad es vista como esencial para evitar retrocesos en materia de seguridad y garantizar la estabilidad económica conquistada.