La economía argentina enfrenta una marcada desigualdad entre sectores vinculados a las exportaciones y la actividad interna, que aún no logra recobrar dinamismo. Aunque la energía, la minería y el agro muestran resultados positivos por la alta demanda internacional y los precios elevados de los commodities, este crecimiento no se traduce en mejoras significativas para el consumo ni para la generación de empleo en la mayoría del país.

El economista Miguel Kiguel explicó que estas actividades, pese a ser fuertes generadoras de ingresos, emplean principalmente capital y mano de obra especializada, por lo que su impacto directo en el mercado interno es limitado y concentrado. Esto contribuye a que el efecto derrame sobre otras ramas de la economía sea lento o casi inexistente.

Además, la presión sobre los hogares aumentó significativamente debido a los incrementos en servicios básicos como luz, gas y agua, cuyo costo absorbe una proporción mayor de ingresos, que en términos reales se mantiene estancada. Esta situación reduce la capacidad de consumo y alimenta el malestar social.

En cuanto a la política económica, Kiguel destacó que las medidas orientadas a la competitividad, como incentivos a la inversión y la reducción de impuestos, son adecuadas para el mediano plazo pero no alcanzan a dinamizar la economía en el corto plazo. Criticó la ausencia de estímulos inmediatos, ya que la actual administración no confía en este tipo de intervenciones para acelerar la actividad económica.

La caída en las tasas de interés implementada recientemente no ha logrado una expansión significativa del crédito, ya que los bancos mantienen una postura conservadora debido al riesgo crediticio elevado y la morosidad en sus carteras. Esta desconfianza financiera continúa siendo un obstáculo clave para que la recuperación pueda alcanzar a los sectores más vulnerables y al consumo masivo.

Tanto la demanda de financiamiento como la disposición de los bancos para prestar siguen lentas, lo que prolonga la fase de bajo dinamismo. En paralelo, los ahorristas muestran cautela ante el escenario incierto, lo que limita las fuentes internas de inversión y consumo.