Uber ha experimentado un aumento significativo en sus inversiones en inteligencia artificial (IA), pero sus directivos reconocen dificultades para identificar beneficios tangibles que justifiquen estos gastos. La empresa agotó su presupuesto anual de IA apenas a los cuatro meses de iniciado el año, lo que genera preocupación sobre el retorno real de estas inversiones.
El presidente y director de operaciones, Andrew Macdonald, explicó que no existe actualmente un vínculo claro entre el mayor consumo de tokens para sus sistemas de IA, como Claude Code, y la entrega de funcionalidades útiles para los usuarios. A pesar de que algunas métricas muestran incrementos notables en la actividad técnica, la relación con mejoras concretas en la experiencia del cliente no es evidente.
Uber destinó miles de millones de dólares en investigación y desarrollo durante el último año, aumentando el gasto un porcentaje importante respecto al período anterior. Sin embargo, este desembolso no está reflejándose en un crecimiento cuantificable de funciones que beneficien directamente a sus consumidores. Este contexto ha motivado una revisión más crítica sobre la estrategia de IA de la empresa.
En línea con este pensamiento, el director ejecutivo Dara Khosrowshahi anunció que la compañía está controlando sus costos asociados a inteligencia artificial mediante la reducción de contrataciones de personal humano. Macdonald sostuvo que la relación entre el gasto en tokens de IA y la plantilla laboral será clave para determinar la viabilidad económica de esta apuesta tecnológica en el futuro cercano.
El debate interno gira en torno a cómo medir el impacto real de la inteligencia artificial en los productos ofrecidos y balancear ese impacto con los costos generados. Mientras la inversión en IA crece de forma «astronómica» en algunos indicadores, la falta de resultados claros retrasa la justificación del gasto y genera incertidumbre sobre la estrategia a largo plazo.