Durante la noche del viernes al sábado, Rusia anunció la interceptación de 376 drones ucranianos que atacaron principalmente la región de San Petersburgo, coincidiendo con el cierre del Foro Económico Internacional. Estos ataques provocaron incendios en instalaciones militares y energéticas en Kronstadt y Krasnodar, evidenciando una escalada significativa en el uso de vehículos aéreos no tripulados como arma en el conflicto.
En respuesta, las fuerzas rusas llevaron a cabo su propio ataque con drones hacia Ucrania, lanzando 272 aparatos que impactaron en las regiones de Zaporizhia, Dnipropetrovsk y Mykolaiv, y causaron al menos cuatro muertos y varios heridos, aumentando la tensión en el campo de batalla.
En el ámbito diplomático, Vladimir Putin rechazó la propuesta de negociaciones directas planteada por Volodymyr Zelensky, afirmando que la guerra continuará hasta que se cumplan los objetivos estratégicos del Kremlin. La negativa generó duras críticas por parte de Andriï Sybiga, jefe de la diplomacia ucraniana, quien consideró que Rusia perdió una oportunidad para finalizar un conflicto que catalogó como una «guerra fallida».
Paralelamente, la OTAN fortaleció su presencia militar en el extremo norte de Europa con despliegues en Finlandia y Suecia, países que recientemente ingresaron a la alianza tras la invasión rusa de Ucrania. Este refuerzo, enfocado en las Fuerzas Terrestres de Avanzada, busca proteger el flanco nororiental y contrarrestar tanto las ofensivas rusas como las crecientes ambiciones de China en esta región estratégica y de clima severo.
En otro ámbito internacional, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, rindió homenaje el Día D en Normandía e instó a Europa a aumentar su inversión en defensa. Durante las conmemoraciones, sostuvo que la paz sólo puede garantizarse mediante la fuerza y comparó la actual inmigración con una «invasión» ideológica que amenaza a la civilización occidental en el sur europeo, una declaración que generó polémica entre diversos sectores.
Finalmente, en el terreno deportivo, la joven tenista rusa Mirra Andreeva ganó su primer título de Grand Slam en Roland Garros, un triunfo que tuvo lugar en medio de la prohibición de la bandera y el himno ruso en la ceremonia oficial, reflejando las tensiones internacionales que también afectan el ámbito cultural y deportivo.