La ONU se encuentra al borde de una grave crisis económica que amenaza su funcionamiento, derivada principalmente del impago histórico de cuotas por parte de varios Estados miembros y de una normativa interna que requiere devolver fondos que en realidad no llegaron a percibirse. Estos factores han colocado a la institución en una situación financiera insostenible, según advirtió su secretario general.
Durante el último año, la deuda acumulada por cuotas impagas alcanzó un récord debilitante, más del doble que en el año anterior, llegando a superar los 1500 millones de dólares. Estados Unidos es el mayor aportante y principal deudor, responsable de la mayoría de esa suma, seguido por países como China, Rusia, Venezuela y algunos de América Latina. Las contribuciones de cada miembro dependen del tamaño de su economía, por lo que EE. UU. representa la mayor porción del presupuesto central, aunque además redujo significativamente sus aportes voluntarios, afectando programas clave.
Para agravar la compleja situación, la ONU debe reembolsar casi 1300 millones de dólares en fondos no utilizados, ofreciéndose a devolver montos que, en muchos casos, no se recibieron en su totalidad. El secretario general describió esta paradoja como un “ciclo kafkiano” que pone a la organización en la condición de devolver recursos inexistentes, una condición que no había enfrentado en crisis financieras anteriores.
Frente a esta crisis, la ONU implementó un plan de austeridad conocido como ONU80, que incluye la reducción de casi 2700 puestos de trabajo y un recorte superior al 21 % en misiones políticas especiales durante este año. Estas medidas ya afectan la operatividad y servicios básicos en la sede de Ginebra, donde se han limitado servicios como la calefacción y el funcionamiento de escaleras mecánicas.
Esta situación evidencia un desafío financiero sin precedentes para la organización, que complica la continuidad de programas y la estabilidad de su presupuesto. La crisis se origina en la combinación del incumplimiento de pagos de Estados miembros con capacidad económica para abonar sus cuotas y en la obligación normativa de reintegrar recursos para los cuales no existe liquidez. Aunque la ONU ha superado dificultades similares en el pasado, el secretario general recalca que el actual escenario es fundamentalmente diferente por su magnitud y gravedad.