La apertura de la Copa del Mundo en México se vivió con un fuerte contraste entre la emoción de los aficionados y las protestas que denunciaron diversas problemáticas sociales. Mientras miles celebraban el inicio del torneo, colectivos sociales aprovecharon la visibilidad global para exigir soluciones a las desapariciones, reclamaciones laborales y otros asuntos pendientes en el país.

Diversos grupos participaron en manifestaciones pacíficas, no con la intención de boicotear la competencia, sino para poner en escena demandas históricas, principalmente relacionadas con familias de personas desaparecidas y trabajadores. Las calles cercanas al estadio y las principales rutas hacia el recinto se vieron resguardadas por operativos de seguridad implementados por el Gobierno, lo que generó tensión entre las autoridades y los manifestantes.

Uno de los puntos más criticados durante esta jornada fue el elevado costo de las entradas para asistir a los partidos. Muchos mexicanos señalaron que los precios son prohibitivos, al punto que resulta más barato viajar al extranjero a ver un encuentro que ir al propio país anfitrión. Este escenario generó malestar en amplios sectores, que consideraron que el Mundial debería ser una celebración popular y accesible para todos, y cuestionaron la exclusión que provoca el modelo actual de organización.

Además, existen tensiones por la gestión y distribución de palcos en el estadio, lo que sumó una capa extra de descontento entre los aficionados y la comunidad local. La combinación de festejos y reclamos muestra la complejidad de un evento deportivo global que, para los mexicanos, representa tanto una oportunidad de orgullo como un espejo de problemas estructurales no resueltos.