La carrera por la presidencia de Perú continúa con una diferencia mínima entre los dos contendientes, posicionando a Roberto Sánchez al frente por una ventaja aproximada de 19.800 votos. Con más del 95% del conteo completado, esta diferencia se ha ido reduciendo gradualmente, acercando a Keiko Fujimori con un crecimiento en los sufragios obtenidos en las últimas jornadas.

El recuento comenzó con una ventaja significativa para Fujimori, que dominaba los votos de Lima y zonas urbanas temprano en la jornada, pero Sánchez logró revertir esa tendencia con el avance de los votos provinciales y rurales. Sin embargo, la contienda sigue siendo incierta y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de Perú advirtió que no se espera un resultado definitivo antes de mediados de julio, debido a la aplicación de un nuevo sistema de revisión que incluye la revaloración de mesas con anomalías y la participación directa de observadores.

La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) aún debe escrutar varias actas pendientes, en su mayoría correspondientes a mesas fuera de Perú, donde Fujimori mantiene una clara preferencia. Hasta el momento, sólo se ha contabilizado una tercera parte de estos votos en el exterior, que favorecen ampliamente a la candidata de derecha.

La pugna electoral es además un reflejo de la profunda inestabilidad política que atraviesa Perú, país que desde 2016 ha visto la renuncia o destitución de múltiples presidentes, enfrentando una crisis institucional recurrente. Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori condenado por violaciones a derechos humanos, busca la presidencia por cuarta vez consecutiva, mientras que Sánchez, aliado del exmandatario destituido Pedro Castillo, representa el respaldo del electorado rural e indígena.

El clima político mantiene en alerta a la sociedad peruana y la comunidad internacional, ya que la definición presidencial marcará el rumbo del país para los próximos cinco años en medio de un contexto de polarización y demandas sociales aún no resueltas.