El presidente de Uruguay realizó una visita al USS Nimitz, un portaaviones de la Armada estadounidense, desatando un debate político en el país. El encuentro reavivó tensiones sobre el acercamiento del gobierno uruguayo hacia Estados Unidos.

La visita presidencial al buque de guerra estadounidense provocó reacciones críticas en sectores políticos nacionales. La actividad fue cuestionada como un gesto diplomático que algunos actores políticos interpretaron como una alineación estratégica excesiva con Washington.

El episodio refleja divisiones internas en Uruguay respecto a la política exterior y el tipo de relaciones que debe mantener el país con potencias mundiales. La controversia puso el foco en las decisiones diplomáticas de la administración presente y su orientación internacional.