El estrecho de Ormuz volvió a convertirse en un foco de tensión internacional luego de que Irán anunciara el cierre indefinido de esta vía marítima, fundamental para la exportación de petróleo y gas a nivel mundial. La Guardia Revolucionaria iraní tomó esta medida tras un ataque con drones dirigido contra un buque portacontenedores de bandera chipriota, lo que desató una nueva escalada en el conflicto entre Teherán y Washington.
A pesar del cierre declarado por Irán, el Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos sostuvo que el estrecho continúa abierto, navegable y bajo la protección de tropas estadounidenses para garantizar el libre comercio. Este cruce marítimo es considerado una pieza clave en la geopolítica energética y su bloqueo representa un intento deliberado de Teherán para detener las intervenciones militares y políticas de Estados Unidos en la zona.
El origen inmediato del conflicto fue un ataque contra un carguero ubicado a 17 kilómetros de Omán, que causó un incendio y forzó la evacuación de su tripulación. Si bien la mayoría de los marineros fueron rescatados, se reporta la desaparición de un miembro de la tripulación de origen indio. Irán justificó el incidente argumentando que los buques civiles desobedecieron las normas de tránsito establecidas en el estrecho, lo que llevó a la Guardia Revolucionaria a realizar disparos de advertencia.
En respuesta a estos eventos, Estados Unidos ejecutó una serie de bombardeos nocturnos sobre aproximadamente 140 objetivos estratégicos en territorio iraní, poniendo fin a una tregua que se había logrado hace algunas semanas. Esta ofensiva marcó una escalada notable después de las negociaciones diplomáticas que buscaban aliviar las tensiones en la región.
El papel del estrecho de Ormuz en esta disputa no solo se limita a su importancia económica. Para Irán, controlar esta vía marítima es una ventaja estratégica fundamental, considerada por uno de sus asesores como un poder de influencia mayor que las armas nucleares. En este contexto, ambas potencias mantienen una postura firme, mientras los vecinos de Irán y otros actores regionales siguen en alerta ante el riesgo de un conflicto mayor.