Ucrania llevó a cabo uno de los ataques con drones más grandes desde el inicio del conflicto, lanzando más de 500 aparatos hacia distintos puntos de Rusia. Según informó el Ministerio de Defensa ruso, se derribaron 556 drones durante la ofensiva nocturna, que afectó a más de una docena de regiones, incluido el área metropolitana de Moscú y la península de Crimea.

El gobernador de la región de Moscú comunicó que el ataque fue a gran escala y causó la muerte de al menos tres personas, entre ellas una mujer que falleció al ser alcanzada su vivienda por un dron, y dos hombres más durante las operaciones de defensa. Además, resultaron heridas una docena de personas cerca de una refinería de la capital rusa, donde los heridos fueron principalmente empleados de la planta que, no obstante, continuó operando sin interrupciones.

La ofensiva obligó a suspender temporalmente las operaciones en los cuatro aeropuertos internacionales de Moscú, con uno de ellos —Sheremétievo— afectado por la caída de restos de un dron derribado por las defensas aéreas. En Crimea, en Sebastopol, las defensas antiaéreas rusas neutralizaron otros 25 drones, según informó el gobernador local.

Los ataques con drones en territorio ruso se han intensificado como respuesta a los bombardeos diarios realizados por Moscú sobre ciudades ucranianas desde el inicio de la guerra. Aunque el uso de drones en distintas regiones rusas es común, los ataques directos contra Moscú, situada a más de 400 kilómetros de la frontera con Ucrania, son menos frecuentes y representan una escalada significativa en la estrategia ucraniana.

Esta operación tuvo lugar tras una tregua temporal de tres días negociada con mediación de Estados Unidos, que coincidió con las conmemoraciones rusas por el fin de la Segunda Guerra Mundial. La pausa en las hostilidades concluyó pocos días antes de que se desencadenara este amplio ataque con drones.