El brote de ébola que afecta al norte y noreste de la República Democrática del Congo alcanzó un nuevo nivel de gravedad tras confirmarse más de 80 fallecimientos y al menos 450 contagios, según fuentes oficiales. El foco principal está en Mongbwalu, una zona minera que se ha convertido en el epicentro de la crisis sanitaria.

En las últimas horas, las autoridades reportaron un aumento acelerado de la enfermedad con decenas de nuevos casos y muertes, lo que refleja una transmisión comunitaria sostenida que dificulta las labores de contención. Actualmente, un número significativo de pacientes permanece internado o en aislamiento, mientras que apenas unos pocos lograron recuperarse hasta el momento.

La continuidad del brote y su rápido avance han generado alarma en la región, especialmente en Uganda, donde ya se confirmaron casos y algunas víctimas fatales asociadas al virus. Como medida preventiva, el gobierno ugandés decidió cerrar temporalmente la frontera con el Congo para limitar el ingreso de posibles contagios.

Este escenario se agrava por la situación de violencia e inestabilidad en las provincias de Ituri y Kivu del Norte, áreas afectadas también por los contagios. Los enfrentamientos armados recientes han desplazado a más de cien mil personas e impactado negativamente la operatividad de los centros de salud locales, complicando la respuesta sanitaria ante el brote.

En respuesta al empeoramiento de la situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó el nivel de riesgo nacional a «muy alto», destacando la urgente necesidad de reforzar las medidas de control. A nivel regional, el riesgo fue catalogado como «alto», aunque la amenaza de propagación mundial sigue siendo baja de acuerdo con la evaluación actual de la organización, que mantiene una vigilancia estricta sobre la evolución del brote y la respuesta de las autoridades congoleñas.