La cumbre presidencial del Mercosur en Asunción se desarrolla con un clima de confrontación entre Argentina y Brasil, dos de sus miembros fundadores. Javier Milei participa del encuentro en un contexto marcado por la tensión comercial generada tras el reciente acuerdo entre Argentina y Estados Unidos, que eliminó aranceles para numerosos productos estadounidenses sin la aprobación del bloque.
Brasil observa con preocupación que Argentina avance unilateralmente en acuerdos bilaterales que podrían afectar la política arancelaria común del Mercosur. Además, Buenos Aires impulsa su ingreso al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), un movimiento estratégico que implica una redefinición de su alianza comercial y podría desalinear aún más su posición dentro del bloque regional.
Otro foco de disputa que domina la agenda es la situación de Venezuela y su posible reincorporación al Mercosur. Mientras otros países analizan abrir la discusión, el Gobierno argentino mantiene un rechazo firme y anticipó que ejercerá su derecho a veto, fundamentando su postura en el incumplimiento de la cláusula democrática y compromisos previos por parte de Caracas.
La tensión política se refleja también en gestos simbólicos vinculados a la relación bilateral entre Argentina y Brasil. Poco antes de iniciarse formalmente la cumbre, Milei recibió al senador Flavio Bolsonaro, figura destacada de la oposición al presidente Lula da Silva, lo que profundiza las diferencias entre ambos gobiernos y anticipa un difícil diálogo en la reunión.
Oficialmente, la cumbre abordará el avance hacia un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, además del inicio de negociaciones con Japón. No obstante, el debate se centra en las rupturas internas y las definiciones políticas que podrían marcar la orientación futura del bloque, entre desafíos de unión y tensiones comerciales y diplomáticas.