La relación entre Axel Kicillof y el kirchnerismo más duro, representado por La Cámpora y Máximo Kirchner, atraviesa una crisis que parece irreversible. Desde la agrupación política aseguran que el gobernador busca distanciarse de Cristina Kirchner y evita cualquier contacto que pueda asociarlo a la ex presidenta, en un intento por atraer el voto no kirchnerista.

Esta ruptura interna tiene implicancias directas para el peronismo, que se enfrenta a un escenario electoral dividido y con pocas señales de unidad. La expectativa inicial de conformar un frente común para enfrentar a Javier Milei perdió fuerza ante la creciente confrontación entre los sectores que promueven posturas enfrentadas dentro del partido.

En La Cámpora interpretan que Kicillof no solo rehúsa el apoyo político de Cristina Kirchner y su espacio, sino que incluso evita visitas a su domicilio histórico de San José 1111, símbolo de la conducción kirchnerista. Un dirigente cercano a Máximo Kirchner planteó que este distanciamiento responde al miedo de Kicillof a ser identificado con la figura kirchnerista, lo que justificaría su estrategia de mantenerse en silencio y limitar sus vínculos con la estructura de poder que lo acompañó en el pasado.

Frente a esta dinámica, el cristinismo refuerza la acusación de traición hacia Kicillof y sostiene que la fractura deja como resultado inevitable la competencia interna dentro del peronismo. Mientras Kicillof transita con cautela su propio camino político, desde el sector camporista creen que la crisis es profunda y que no se vislumbran gestos de reconciliación próximas.

El distanciamiento también refleja diferentes estrategias sobre cómo posicionarse de cara a la elección presidencial de 2027: por un lado, quienes apuestan a un perfil kirchnerista más ortodoxo; por otro, quienes buscan ampliar la base electoral apelando a sectores más moderados y alejados del kirchnerismo.

Esta situación compleja impacta directamente en la conformación de alianzas y candidaturas dentro del peronismo, con voces que consideran que el partido terminará dividivo en las urnas. Desde La Cámpora, además, vinculan la falta de respaldo a Kicillof con una señal clara: él mismo no desea ese apoyo y, por tanto, prefieren no forzar lazos que él rechaza.