La militancia peronista atraviesa un momento de fatiga marcada por enfrentamientos públicos entre figuras clave y una creciente distancia con la realidad social y económica. La disputa interna entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof refleja tensiones que se profundizan en un contexto de deterioro económico y reclamos sociales. Frente a una oposición desarticulada y un escenario político incierto, el descontento social se ha vuelto un factor palpable, que el kirchnerismo reconoce y busca manejar con menor confrontación interna.

En el entorno del peronismo destacan un cambio en la estrategia: la intención de escuchar a la ciudadanía y reordenar la fuerza política para evitar la fractura interna. Esta dinámica explica, por ejemplo, el alejamiento de Kicillof de eventos públicos con otros dirigentes como Máximo Kirchner y Ricardo Quintela, buscando evitar imágenes que evidencien divisiones. Según fuentes dentro del espacio, el objetivo es llegar con mayor fortaleza a las elecciones internas del próximo año y así definir con claridad la conducción del sector.

Mientras tanto, Sergio Massa comienza a ocupar un lugar visible en la escena política, atribuyéndose el mérito de victorias recientes y exhibiendo encuestas que lo posicionan como un candidato competitivo para 2027. Se lo presenta como un dirigente capaz de unificar al peronismo, en contraste con la fragmentación actual. En este sentido, declaraciones como las de José Mayans, que llaman a la unidad y critican las disputas sectoriales, reflejan la preocupación por la imagen negativa que proyecta el partido ante su base electoral.

El descontento generalizado entre la población se manifiesta en sondeos que señalan a la mayoría de los argentinos con deseos de cambio, pero sin una representación clara que canalice esa demanda. En este marco, la disputa interna del peronismo no solo dificulta la consolidación de una propuesta sólida, sino que envía mensajes contradictorios a los votantes, que ven a sus referentes peleándose mientras llaman a la unidad. Expertos consultados destacan, sin embargo, la competitividad del peronismo, que mantiene un piso significativo de apoyo electoral y cuyo futuro electoral dependerá en gran medida de la política económica que se implemente, más que de las disputas políticas internas.

Desde la perspectiva kirchnerista, no creen que un alza de figuras como Javier Milei se traduzca en votos automáticos para la oposición, por lo que insisten en la necesidad de moderar las tensiones y construir una estrategia de menor conflicto. La reciente definición pública de Máximo Kirchner sobre Kicillof marca un giro hacia esa reducción de beligerancia y apunta a consolidar el frente desde adentro, evitando que las peleas internas afecten su capacidad electoral.