Ocultar los síntomas evidentes del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se ha convertido en una estrategia común entre adultos que buscan integrarse mejor en entornos sociales y laborales. Sin embargo, esta práctica de «enmascaramiento» conlleva un costo significativo para la salud mental y el bienestar emocional de quienes la aplican.

Investigadores analizaron la experiencia de más de doscientos adultos diagnosticados con TDAH, observando que la mayoría empleaba tácticas para disfrazar sus características, como fingir atención, controlar impulsos motrices y preparar de forma excesiva las interacciones sociales. Aunque estas maniobras pueden facilitar la aceptación social y profesional, su efecto adverso genera desgaste emocional, ansiedad, depresión y problemas en la autoestima.

El enmascaramiento demanda un esfuerzo cognitivo elevado, que afecta funciones ya comprometidas en el TDAH, como la atención, la memoria y la concentración. Los adultos que lo practican reportaron sensaciones de agotamiento profundo y necesidad de recuperación tras episodios prolongados de camuflaje. Además, expresaron experiencias persistentes de desconexión con su identidad auténtica, inseguridad e incluso síndrome del impostor.

Este mecanismo responde en buena medida a presiones sociales y al estigma asociado al TDAH, que impulsa a muchas personas a adaptar su comportamiento para evitar juicios negativos desde la infancia. Reconocer que el enmascaramiento es una estrategia de supervivencia refleja la necesidad de avanzar en la aceptación social de la diversidad neurocognitiva y reducir la discriminación.

Para quienes viven con TDAH, reconciliar la expresión auténtica con la seguridad social representa un desafío complejo que puede requerir tiempo y apoyo profesional para aprender a desenmascarar de manera saludable. La investigación señala que, aunque ser genuino puede favorecer mejor bienestar, superar las normativas sociales internalizadas es un proceso lento y exigente.

Este estudio aporta evidencia crucial sobre el impacto psicológico del enmascaramiento en personas con TDAH, invitando a repensar las expectativas sociales y fomentar entornos más inclusivos donde la neurodiversidad sea respetada y valorada.