Un nuevo hidrogel inyectable elaborado a partir de proteínas de seda y un compuesto vegetal logró cerrar heridas por completo en tan solo 72 horas durante pruebas de laboratorio. Este avance, resultado de un estudio conjunto entre científicos de Brasil y Estados Unidos, propone una alternativa menos invasiva para la reparación de tejidos blandos.
El material combina fibroína de seda, una proteína reconocida por su biocompatibilidad, con puerarina, un compuesto bioactivo extraído de la raíz de kudzu, conocido por sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Se evaluaron cinco formulaciones con concentraciones de puerarina que iban desde el 1% al 5%, manteniendo fija la cantidad de fibroína. La mezcla con mayor proporción del compuesto vegetal logró cerrar cerca del 60% de la herida en las primeras 24 horas, mostrando además una estructura interna más densa y mayor estabilidad mecánica.
Un aspecto fundamental del desarrollo es la capacidad del hidrogel para ser inyectado a través de una aguja fina de calibre 27, facilitando su aplicación sin procedimientos quirúrgicos invasivos. Tras la inyección, el gel recupera su estructura, manteniendo sus propiedades mecánicas, lo que sugiere un potencial uso clínico en tejidos blandos.
Las pruebas con células humanas confirman la viabilidad celular superior al 95% desde el primer día, sin detectar signos de toxicidad en ninguna de las formulaciones analizadas. Esto representa una mejora significativa frente a otros hidrogeles disponibles, que suelen degradarse rápidamente, no se adaptan bien a superficies irregulares o requieren aditivos sintéticos que pueden no ser bien tolerados por el organismo.
La combinación de fibroína y puerarina fortalece la red interna del gel mediante enlaces de hidrógeno, sin alterar la estructura proteica base. Este diseño busca resolver limitaciones habituales en biomateriales para la regeneración, especialmente en aplicaciones que demandan flexibilidad y soporte para el crecimiento celular en tejidos blandos.
El estudio fue liderado por Bruna Quevedo, vinculada a la Universidad Federal de San Carlos y la Universidad Pontificia Católica de San Pablo, con participación de la investigadora durante su estadía en el Instituto Terasaki de Innovación Biomédica en Los Ángeles. Los resultados, publicados en la revista ACS Omega, abren un camino prometedor para tratamientos médicos menos invasivos y más compatibles con el organismo.