Argentina obtuvo el nivel más bajo de Inversión Extranjera Directa (IED) en América Latina durante 2025, recibiendo apenas una fracción del capital que ingresó a otros países de la región, según informó la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Mientras Brasil captó más de USD 76 mil millones y México cerca de USD 40 mil millones, el flujo neto hacia Argentina no superó los USD 3 mil millones.
Este bajo desempeño se observa incluso en un contexto en el que el gobierno nacional promovió un régimen especial de incentivos para grandes inversiones, orientado particularmente al sector energético y de recursos naturales. Sin embargo, los resultados evidencian que estos incentivos no lograron articular un panorama favorable para atraer capital a largo plazo y en sectores más diversificados.
La consultora Misión Productiva señaló que la dificultad para atraer inversiones no solo responde a la falta de incentivos, sino a problemas estructurales que incluyen la caída del consumo interno, la paralización de la obra pública y la escasez de crédito productivo. Además, factores como la apreciación cambiaria y la incertidumbre macroeconómica generan un contexto poco competitivo para sectores exportadores y productores locales.
Entre las causas principales del bajo flujo de IED destacan:
- Fuerte caída del consumo interno que limita la ampliación de la capacidad productiva.
- Detención de la obra pública que afecta directa e indirectamente industrias y proveedores.
- Acceso restringido al crédito productivo para empresas.
- Apreciación del tipo de cambio que deteriora la competitividad de sectores exportadores.
- Incertidumbre sobre la sostenibilidad del esquema macroeconómico vigente.
- Debilidad del sector pyme y retroceso en actividades intensivas en generación de empleo.
Por otro lado, la Fundación Capital reconoció ciertas mejoras en indicadores económicos fundamentales durante la gestión actual, como superávit fiscal y reducción gradual de la inflación, que podrían sentar las bases para una mejor dinámica inversora en el futuro. Aún así, advierten que estos avances no se han traducido en una expansión significativa de la inversión productiva en sectores clave.
El reto para Argentina consiste en reconstruir condiciones que permitan una mayor diversificación y crecimiento de la inversión, no solo en grandes proyectos extractivos sino también en industria, construcción y pequeñas y medianas empresas, con el fin de potenciar el desarrollo económico sostenible.