Las temperaturas globales han subido 1,39 °C por encima de los niveles preindustriales, casi exclusivamente atribuibles a la actividad humana, alertaron científicos internacionales. Este aumento, anunciado en un informe reciente, anticipa que el umbral crítico de 1,5 °C podría alcanzarse hacia 2030, lo que incrementa el riesgo de impactos ambientales severos.
El informe, fruto del trabajo de un consorcio de más de 70 expertos, advierte también que una posible incidencia del fenómeno El Niño para 2026 podría provocar un calentamiento oceánico extremo, que agravaría aún más la crisis climática. Al mismo tiempo, denuncian la preocupante disminución de financiamiento para redes globales de monitoreo climático, lo que compromete la capacidad para detectar y analizar con precisión estos cambios.
Según explican, la red de monitoreo está sufriendo un «estado activo de degradación» por primera vez, reflejando la urgencia de garantizar recursos adecuados. Esta situación afecta a organismos clave como la Organización Meteorológica Mundial y pone en riesgo la medición en zonas estratégicas como África y América del Sur, donde las observaciones se han reducido significativamente.
El desequilibrio energético del planeta, que mide la diferencia neta entre la energía recibida y la emitida, alcanzó un máximo histórico y se ha duplicado desde los años setenta. Este indicador refleja cómo los gases de efecto invernadero persisten en niveles récord, incluso cuando el crecimiento de sus emisiones muestra una leve desaceleración. La reducción de aerosoles, que antes ejercían un efecto refrigerante, deja al planeta más vulnerable a la acumulación de calor.
Además, el aumento del nivel del mar ya llega a 23 centímetros desde principios del siglo XX, con una aceleración en el ritmo anual del incremento. Paralelamente, las olas de calor marinas se han triplicado en duración desde 1991, afectando gravemente los ecosistemas acuáticos. Los recortes presupuestarios, impulsados por ciertas administraciones, han provocado el retiro de instrumentos críticos para el monitoreo oceánico y satelital, limitando la vigilancia en áreas esenciales para entender la evolución climática.
Expertos insisten en que mantener el control y análisis de estos fenómenos es fundamental para la adopción de políticas eficaces, ya que la ventana para limitar el calentamiento a 1,5 °C se estrecha rápidamente, con el presupuesto de carbono posiblemente agotándose en pocos años.