En 1939, General Motors presentó un automóvil que desafió todas las convenciones del diseño automotriz: un Pontiac completamente transparente elaborado con plexiglás. Este vehículo, conocido como el Plexiglas Six DeLuxe, fue exhibido en la Exposición Universal de Nueva York y se destacó como el primer automóvil de tamaño real construido íntegramente con un material sintético transparente.
El desarrollo de este modelo innovador fue posible gracias a la colaboración con la empresa química Rohm & Haas, pionera en la fabricación de plexiglás, un plástico resistente y translúcido que más tarde se empleó para proteger a pilotos durante la Segunda Guerra Mundial. El automóvil reprodujo fielmente el diseño del Pontiac Sedan Touring de cuatro puertas, reemplazando completamente la carrocería metálica por paneles de plexiglás, mientras que el chasis metálico recibió un baño de cobre para su protección.
A nivel estético, el vehículo se completó con molduras de goma blancas y neumáticos a juego, y detalles interiores como el tablero de instrumentos con una capa cromada que resaltaban su carácter futurista. General Motors invirtió una suma considerable, equivalente a medio millón de dólares actuales, en la producción de esta unidad única con el fin de exhibir las posibilidades del uso del plástico transparente en la industria automotriz.
El Pontiac Plexiglas causó un gran impacto en la prensa y el público, ganándose el apodo de «The Ghost Car» debido a su estructura translúcida. Sin embargo, el coche presentaba limitaciones prácticas significativas: la falta de aislamiento térmico convertía el interior en un espacio extremadamente caluroso, un impedimento clave para su producción en serie.
Tras su paso por la Feria Mundial, el vehículo recorrió concesionarios de la Costa Este de Estados Unidos para exhibición. Inspirado por este éxito, General Motors fabricó una segunda unidad basada en un Pontiac Torpedo, mostrada en la Golden Gate Exposition en Treasure Island, aunque esta versión fue destruida posteriormente.
El primer Pontiac transparente permaneció en la colección del Smithsonian Institution durante la Segunda Guerra Mundial y luego volvió a General Motors. En 1973, fue adquirido por el empresario Don Barlup, quien realizó una restauración parcial antes de venderlo en 1979 a un coleccionista privado. La pieza pasó a manos de sus descendientes hasta 2012 y actualmente tiene un valor estimado en más de un millón de dólares, convirtiéndose en una rareza codiciada por amantes de la historia automotriz y el diseño innovador.