El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es una de las 41 megaciudades analizadas en un estudio innovador que mapea el fenómeno de las islas de calor urbanas a nivel mundial. Por primera vez, modelos climáticos regionales lograron representar detalladamente estas grandes zonas urbanas para examinar cómo el calor se concentra y varía dentro de ellas, incluyendo barrios específicos. Esto derriba la barrera histórica que dejaba a las ciudades fuera de las simulaciones globales por su reducida escala geográfica frente a la Tierra.
La investigación, publicada en la revista especializada npj Urban Sustainability, empleó dos modelos del proyecto CORDEX, una iniciativa del World Climate Research Programme, con una resolución aproximada de 25 kilómetros. Esta precisión permitió detectar la huella térmica de la Ciudad de Buenos Aires y su entorno metropolitano, evidenciando que durante el verano la temperatura dentro del área urbana supera considerablemente la de las zonas rurales. Este calentamiento urbano se debe a que materiales como el asfalto, el cemento y el hormigón almacenan y liberan calor de manera distinta al suelo natural, provocando elevaciones térmicas concentradas.
Más allá del análisis climático, el estudio subraya la importancia de factores como la morfología urbana, la densidad poblacional y las desigualdades territoriales, que amplifican la sensación de calor extremo en ciertos sectores. Esto adquiere relevancia ante el acelerado crecimiento urbano: mientras que a nivel mundial más de la mitad de la población habita en ciudades, en Argentina esa cifra alcanza el 91 por ciento. Comprender estos efectos es vital para enfrentar riesgos en la salud pública y orientar planes de desarrollo urbano que mitiguen el impacto del calentamiento provocado por el cambio climático.
Este nuevo enfoque abre una ventana para diseñar intervenciones más focalizadas. A medida que el cambio climático avanza, monitorizar cómo varía el calor entre barrios permitirá a las autoridades anticipar desafíos y optimizar recursos para proteger a las poblaciones más vulnerables. La inclusión explícita del AMBA en simulaciones climáticas globales contribuye a saldar una vieja deuda científica relacionada con la representación realista de las megaciudades y sus dinámicas térmicas.