Bad Bunny ofreció un concierto que duró más de dos horas y media en la Arena Plenitude de París, donde logró transportar a la audiencia a Puerto Rico a través de su música y escenografía. Desde la apertura con su éxito «La Mudanza» hasta el cierre, el público coreó temas emblemáticos como «Baile Inolvidable», «Dakiti» y «DtMF», en un ambiente de fiesta y nostalgia que se extendió por toda la sala.
El espectáculo incluyó dos espacios escénicos: un escenario principal y la «Casita», una réplica de un hogar tradicional de Humacao, el pueblo puertorriqueño donde creció parte de la familia del cantante. Esta estructura sirvió para recrear momentos íntimos del concierto y brindar una experiencia inmersiva que sorprendió al público. El setlist estuvo conformado por treinta canciones que se sucedieron sin pausa, combinando sus clásicos con los temas más recientes de su último disco.
En el homenaje a Francia, un guitarrista vestido con una pava tradicional interpretó fragmentos de «La Vie en Rose» y «Himno al Amor», los cuales fueron coreados por la audiencia como muestra del intercambio cultural presente en el evento. A diferencia de otros shows recientes, Bad Bunny no tuvo invitados especiales durante esta presentación en París, aunque en fechas anteriores sí contó con la presencia de celebridades como Simon Porte Jacquemus y el rapero Kalash en Marsella.
El público estuvo marcado por la presencia de numerosas banderas puertorriqueñas, símbolo vivo del orgullo y la conexión emocional que despertó el artista en sus seguidores. En varias oportunidades, Bad Bunny se dirigió a los espectadores para invitarlos a disfrutar el presente y compartir un momento de unidad, lo que generó un fervor único entre los asistentes según testimonios de quienes presenciaron el evento.
Antes del show principal, el grupo puertorriqueño Chuwi abrió la velada, que desde el inicio estuvo cargada de referencias a la cultura caribeña. La producción, las luces y la interacción constante entre el escenario y la «Casita» contribuyeron a consolidar un espectáculo completo, que no solo entregó música sino también una representación tangible de la identidad puertorriqueña en suelo europeo.