Ernestina Pais murió en un trágico accidente cuando el auto que conducía fue embestido por un tren en un paso a nivel de San Isidro. Tenía 54 años y su partida causó conmoción en el periodismo y la sociedad argentina, marcando el final de una vida atravesada por pérdidas profundas y luchas personales.
Una de las heridas que definió gran parte de su existencia fue la desaparición de su padre, José Miguel Pais, durante la última dictadura militar. Esta pérdida, ocurrida cuando Ernestina era apenas una niña, le dejó la imposibilidad de despedirse y un silencio familiar —producto del miedo y la censura— que tardó en romper. La periodista relató que la ausencia de un ritual de despedida provocó un dolor difícil de superar y señaló la invisibilidad que rodeó aquel hecho en su entorno, donde hablar sobre lo ocurrido estaba prohibido o era peligroso.
Tras décadas de silencio, Pais comenzó un trabajo de reconstrucción personal y familiar, investigando la vida y militancia de su padre para rescatar su historia de las sombras del pasado. Esta búsqueda implicó un proceso de sanación que también enfrentó problemas de salud mental y adicciones. En medio de esas dificultades, encontró en su hijo Benicio, fruto de su relación con el fotógrafo Alejandro Guyot, un apoyo fundamental y el motor para rehacer su vida y seguir adelante. Ernestina describió en diversas entrevistas cómo la maternidad transformó su existencia y cómo su hijo representó su "gran amor" y esperanza.
El episodio que marcó la infancia de Ernestina incluyó no solo la desaparición forzada de su padre sino también el robo en su hogar durante un operativo militar, lo que acrecentó el impacto traumático en su familia. A partir de allí, su compromiso con la memoria y la verdad se volvió una causa personal, reflejada en su voluntad de compartir su historia y visibilizar los desaparecidos de aquella época.